DUELO

¿Qué es el duelo?


Llamamos duelo a la reacción adaptativa ante la perdida de un ser querido. Es uno de los principales acontecimientos vitales estresantes, considerándose que la muerte de un hijo o del cónyuge es la situación más estresante a la que el ser humano puede estar sometido. El proceso de adaptación a la ausencia definitiva de un ser querido está claramente influido por la cultura, las creencias y las reglas sociales.

Durante este período, la persona debe readaptarse a la vida cotidiana sin esa persona, y establecer nuevas relaciones. Es habitual sentirse muy cansado, física y psíquicamente.

Tras el periodo de agonía del enfermo, y una vez superado el primer momento de shock y consternación, se puede decidir que el duelo consta de tres fases:

  • La urgencia de recuperar a la persona perdida.
  • La desorganización y tristeza.
  • La reorganización.

El llorar a alguien es una parte del proceso normal de reacción ante una pérdida. Se puede experimentar el sufrimiento como una reacción mental, física, social o emocional. Las reacciones emocionales pueden incluir la ira, la culpabilidad, ansiedad, tristeza y desesperación. Las reacciones físicas pueden incluir problemas para dormir, cambios en el apetito, problemas físicos o enfermedades.

La duración del dolor por la pérdida de un ser querido puede depender de la cercanía de la relación con la persona fallecida, si era una muerte esperada o no, y otros factores. Los amigos, los familiares y la fe pueden ser fuentes de apoyo. La orientación o la terapia para el sufrimiento también es útil para algunas personas.

Características del duelo

  1. Es un proceso dinámico y cambiante que varía en función de la persona y entre familias, culturas, sociedades…
  2. Se relaciona con mayor riesgo de la aparición de problemas de salud:
    1. El riesgo de depresión en personas viudas aumenta.
    2. Muchas de las personas viudas presentan ansiedad generalizada o crisis de angustia en el primer año.
    3. Aumenta el abuso de alcohol y fármacos.
  3. La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario, debido a la pérdida de sus redes de soporte social.

Es importante tener en cuenta los factores personales, sociales y familiares que pueden condicionar la aparición de una mala evolución del duelo. El duelo siempre va asociado a una serie de circunstancias, que actúan como predictores de riesgo, como son: causa y entorno de la muerte, personalidad y recursos psicoemocionales del doliente, ambiente sociofamiliar, y el tipo de relación con el fallecido. 

Podemos considerar predictores de dificultad a la hora de elaborar el duelo, los siguientes:

  • Las muertes repentinas o inesperadas, circunstancias traumáticas de la muerte.
  • Las pérdidas múltiples, las pérdidas inciertas.
  • La muerte de un niño, adolescente, (joven en general).
  • Una persona en edades tempranas o tardías de la vida.
  • La muerte tras una larga enfermedad terminal.
  • Un perfil dependiente/relación ambivalente con el fallecido.
  • Una historia previa de duelos difíciles, depresiones u otras enfermedades mentales.
  • Tener problemas económicos, escasos recursos personales, como trabajo, aficiones…
  • Un escaso apoyo sociofamiliar real o sentido.

Tratamiento del duelo


El apoyo más importante que una persona recibe después de sufrir una pérdida proviene de amigos y familiares, pero en caso de dificultades para superar la pérdida, puede ser útil el apoyo terapéutico. El periodo de duelo permite a la persona superar la pérdida, vivir sin la persona fallecida e independizarse emocionalmente de ella, tomar decisiones por sí mismo, establecer nuevas relaciones, siendo capaz de superar los momentos más críticos como celebraciones familiares, cumpleaños o fechas significadas.

Las estrategias de apoyo psicológico o médico buscan ayudar a la persona a superar este proceso, haciendo posible hablar de la persona fallecida y reconocer si hay emociones mínimas o exageradas alrededor de la pérdida, con vivencias de culpa, rabia u otros sentimientos negativos.

Entre las múltiples técnicas terapéuticas que pueden utilizarse en este proceso de adaptación a la ausencia de la persona querida, son algunos ejemplos:

  • Anticipación de fechas y situaciones. Algunas fechas (aniversario de la muerte, cumpleaños, Navidades, Todos los Santos, etc.) son especiales, y con ellas llegarán nuevos episodios de dolor, por lo que conviene tenerlas en cuenta para prepararse antes de que llegue el momento.
  • Toma de decisiones, solución de problemas y adquisición de habilidades. A veces la persona en duelo tiene un bloqueo cognitivo mezclado con miedo, en esta situación, la toma de decisiones resulta difícil o es necesario adquirir habilidades que ejercía la persona fallecida.
  • Narración repetitiva de la muerte. La narración de un hecho trágico lo desdramatiza en parte. Casi hace de la muerte una parte de nosotros mismos, la normaliza y ayuda a superarla.
  • Prescripción de tareas concretas e individualizadas que se negocian y pactan previamente.
  • Realizar ejercicio físico con unas pautas determinadas, creando hábitos de vida saludables y evitando en parte el caer en hábitos como la ingesta de alcohol u otras drogas.
  • Hablar de los sueños y de las presencias: es conveniente hablar de ellos y del significado que tienen para la persona.
  • Utilización de psicofármacos. En el duelo normal sólo deben de tomarse fármacos para trastornos concretos y durante un tiempo limitado y ocasional, con el fin de evitar medicalizar el duelo. Los antidepresivos son totalmente ineficaces frente a la tristeza del duelo si no existe depresión.

Debe de solicitarse atención especializada en caso de:

  • Estilos de afrontar los problemas abiertamente autolesivos a corto o largo plazo (exceso de consumo de drogas, alcohol, ludopatías, obsesiones…).
  • Aparición de problemas de salud mental asociados: fobias, crisis de angustia, etc.
  • No superación del duelo: aparente ausencia de duelo, cronificación…

En el proceso de superación del duelo existen diversos recursos o técnicas que se pueden utilizar:

  • Comunicación telefónica.El teléfono será fundamental en el apoyo y seguimiento puntual, ante una fecha significativa que se avecina o en el caso del doliente que necesita aclarar una duda.
  • Escribir. En determinadas personas, el escribir alivia y aclara u ordena sus ideas y emociones.
  • Dibujar.El dibujo, del mismo modo que la escritura, es un medio de expresión que puede conectar con nuestras profundidades, y permitirá en determinadas personas sacar emociones o sentimientos.
  • Elaborar un álbum de fotos o atesorar una caja con recuerdos.
  • Vídeos. Visualizar vídeos del fallecido añade la dimensión del movimiento y el sonido a la foto, todo parece más real, y sirve, como las fotos o los recuerdos, para redimensionar la nueva relación con la persona fallecida.
  • Animales. En el duelo, los animales domésticos, a veces juegan un papel fundamental.  
  • Internet. En Internet, cada vez hay más recursos para las personas en duelo. 

Como conclusión hay que elaborar el proceso del duelo, a través del cumplimiento de sus tareas que se deben hacer por completo y a la medida de nuestras capacidades. Hay que aceptar la realidad de la pérdida por difícil que sea, así como expresar completamente todos los sentimientos respecto a ella. Posteriormente se debe aprender a vivir sin el ser querido para luego volver a interesarse por la vida y los que aún están vivos, así el ser humano reencontrará su sentido de la vida y podrá continuar vivo y motivado a pesar de las condiciones y no gracias a ellas. No debemos olvidar que el personal Médico y de Enfermeríadebe valorar la capacidad y los recursos que tiene la persona en duelo para poder hacer frente a sus pérdidas y en ocasiones será necesario valorar si se debe iniciar una terapia psicológica y/o farmacológica.

Es importante resaltar el papel clave de la familia en el proceso de superación del dolor tras el fallecimiento de una persona querida. Es el principal recurso de la persona para afrontar los retos que cada día se presentan y un elemento fundamental en la colaboración con el médico o terapeuta, si es necesario el tratamiento.


Autora: Ana Sanchez Coalla, médica residente Medicina Familiar y Comunitaria. CS. Casa del Barco. Valladolid.

Revisado: Septiembre 2019.


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